Resurrección
julio 21, 2011
Me he sorprendido a mí misma acertando la contraseña del blog a la primera. Tenía prácticamente olvidado esto, de vez en cuando me daba por pensar “debería escribir algo…”, pero luego decía “y qué vas a contar, Laura, ¡bobadas! ¿y quién quiere leer tus bobadas? ¡nadie!”. Pues es cierto, pero realmente me la refanfinfla, me la trae al pairo… me la… bueno, dejémoslo ahí. Hoy todos tenemos facebook, twitter, tuenti, tumblr, flickr y un largo etcétera que me deprime hasta completarlo. ¿Y para qué? ¿Para compartir nuestras sesudas reflexiones del día? En absoluto, menudo coñazo leer lo que Fulanita opina del sentido de la vida, o lo que Menganito piensa de la fugacidad del tiempo. No, queremos ver a nuestros amigos en bañador tomando el sol en Fuengirola, o cotillear si tal “tiene una relación complicada” con tal. En definitiva, buscamos llenar nuestro cerebro con información totalmente inútil y superflua sobre la vida de gente que en muchos casos ni nos va ni nos viene. Así que yo me pregunto, ¿qué tiene de malo que yo venga aquí, a mi blog, a escribir cuatro tonterías y marcharme por donde he llegado? ¿Nada, verdad? Al fin y al cabo de unos años a esta parte ya hemos asumido que internet ha aumentado nuestros egos en un 200% y creemos que todos nos merecemos un pequeño hueco en el ciberespacio para contar nuestra insignificante vida. Y si tengo a algunos aburridos detrás comentándolo, pues oye, qué mejor, ¡qué popular! Así que aquí me veis, si alguien me ve, que lo dudo. Bueno, sí, un tipo me vino hace unos meses preguntándome que si podía cederle el nombre de mi blog, que como veía que no lo usaba que a él le gustaría apropiárselo. ¡Pero oiga! Si yo veo que usted no le da uso a su dedo meñique no voy y le pregunto si puedo cortárselo.
Hasta ésta todas mis entradas habían sido muy profundas y sensibles, con foto bonita incorporada, pero … a la mierda, ésta soy yo.